Soy autónomo profesional, mi futuro laboral está continuamente ligado a mi búsqueda activa de proyectos.
Con estudios superiores, varios cursos oficiales y una carrera a medio empezar, he pasado por 4 familias profesionales, he sido repartidor de periódicos y venta al público, proyectista de edificación, operario en fábrica y por último y de momento freelance como dibujante y técnico de aplicaciones 3d.
Tengo la suerte de trabajar habitual y casi exclusivamente para una Pyme familiar y de confianza a la que no le falta trabajo en el circuito de concursos públicos de restauración de obras de arte.
Aún así no dejo de reinventarme y tengo proyectos y sueños que hablan de una 5ª familia profesional.
Mi mujer y yo vivimos en una casa con jardín a las afueras de un pueblecito a las afueras de Sevilla.
Una casa familiar prestada por la que pagamos un alquiler simbólico en una ciudad que no es la mía a 600km de mi familia y amigos de la infancia.
Tenemos un hijo de casi dos años.
Por suerte, tenemos a los padres de mi pareja aquí y podemos ahorrarnos el coste de una guardería que el último gobierno autonómico ha decidido aumentar y dejar de subvencionar.
Tenemos también la suerte de trabajar para la misma pyme, aunque en distintos departamentos, y poder darnos besos furtivos durante toda la jornada en la mayoría de ocasiones.
Por la tarde, después de 8-9h de trabajo, 5 días a la semana y horas esporádicas algunos fines de semana, nos turnamos para hacer "las cosas de la casa", la comida y la cena y atender a nuestro hijo.
No tenemos carnet ni coche, pero hemos visto la necesidad viviendo en la periferia de una ciudad y trabajando en distintos puntos de la península dependiendo del proyecto, así que en ese tiempo "libre", uno de nosotros acude a la autoescuela mientras el otro lleva al niño al parque, juega o lee con él.
Ya casi no tengo tiempo para leer, tocar el bajo (cogiendo polvo desde hace años), escribir, dibujar o hacer cualquier otra cosa que no sea trabajar, cuidar de mi familia y de mi hogar.
Aún así, sacamos tiempo para ver uno o dos capítulos en Netflix o HBO mientras comemos o cenamos y dar algún paseo el fin de semana por Sevilla, tiempo para dormir abrazados o , simplemente, mirar como el otro duerme después de un día agotador.
Hoy estoy escribiendo esto acostado en la cama, mientras mi mujer y mi hijo duermen, trasnochando, mañana será un largo día.
He fracasado varias veces en el amor, he tenido mucho caos sentimental en mi vida. Ahora tengo una familia y me siento afortunado y feliz.
Hace 6 años, después de 12 con el mismo móvil, me compré un Iphone, espero que me dure otros 6, como poco.
Mi herramienta de trabajo además de las que me proporcionan las empresas para las que trabajo, es un Imac que compré hace 7 años, hace unos meses tuve que hacerle el primer arreglo y me gasté más de un cuarto de los beneficios de mi última factura.
Aún visto ropa que compré hace más de 10 años.
Mi hijo juega con juguetes reutilizados o comprados de segunda mano.
En casa, salvo cerveza para mi y chocolate para mi mujer, son pocos los "caprichos" que puede haber en la despensa.
Por esto y por varias cosas más no me considero una persona consumista, procuramos comprar, usar y gastar lo que necesitamos para vivir.
Creo que llevo una vida normal, como la de tantxs otrxs. Aún así hay mañanas que no tengo ganas de levantarme, mañanas en las que no entiendo nada de nada.
Vengo de la unión de dos familias completamente distintas, republicanos y fascistas, en mi casa nunca se ha hablado de política ni historia, lo que sé he tenido que leerlo en libros o hablarlo a escondidas con familiares.
Aún así, pese a sus diferencias, siempre hubo respeto y comprensión, tal vez porque aunque de ideales distintos, ambas tenían conciencia y pertenecían a la misma clase, la obrera.
Mi padre trabajó durante gran parte de su vida con una incapacidad de movilidad no reconocida hasta hace unos años. Aún sigo pidiéndole que deje de ver corridas de toros, que se cuide y que deje de odiar al diferente.
Mi madre, ama de casa sin estudios, trabajó en "B" haciendo "mandaos" durante también gran parte de su vida, hasta que su primer trabajo oficial con 40 y largos le destrozó la salud y le generó una incapacidad de movilidad que necesita de fuertes calmantes y opiaceos que también afectan a su capacidad mental. Aún le pido que deje de darle vueltas a cosas que no tienen remedio, al igual que a mi padre, que se cuide y que no se estrese, y que haga lo que esté en su mano sin intentar abarcar cosas que no puede abarcar.
Ambos, rondando los 60, sobreviven con "pensiones" de 400 y pocos euros, cuidando a mi sobrino, hijo de madre soltera que lo tuvo casi con 18 años, que pese a todo ha podido sacarse unos estudios técnicos y trabaja 50 horas semanales cuidando ancianos en una residencia a 40km de su casa porque los alquileres en Madrid capital son inalcanzables.
Ambos, me dieron una educación, a su manera y como pudieron, y ahora con el tiempo, aunque no me parezca adecuada, les comprendo, no había dinero para más. Y aunque al final tuviese que salir de casa "de aquella manera" estoy agradecido por todo lo que me dieron y me dan, sin esperar nada a cambio.
Por eso, cuando veo a la gente discutiendo de naciones, identidades y territorios, no les comprendo, cuando veo a personas trabajadoras aplaudiendo a los cuerpos represivos del estado aplastando huelgas, manifestaciones o desobediencias civiles pacíficas que defienden los derechos de todxs, no les comprendo, yo sólo sé de educación y sanidad públicas y universales, de bienestar social y derechos humanos.
Mi nación, mi bandera, mi territorio, mis cuerpos de seguridad del estado, son las personas con empatía, respeto y comprensión que cuidan de esos 4 valores, por ellxs y por los que no tienen nada más dónde sostenerse.
Defender cualquier otra cosa sería ser incongruente con mi vida.
Una vida normal y corriente, como cualquier otra.
.Reinvención.
Me gusta ser lo más sucio que hay en tu habitación...
no ser capaz de escapar de tu húmeda prisión...
pasar la vida en su interior...
hasta con el pensamiento...
acariciando sus paredes...
con mi cara siempre entre los barrotes...
sin parar de crecer allá dentro...
en continua reinvención...
Intento explicarte el truco para pensar menos...
y así sentir más...
a cambio debes enseñarme a ser normal...
sin ser por eso insoportable...
mudando día a día pedacitos de piel...
y de cerebro...
en continua metamorfosis...
Lo sé...
es contradictorio pero cierto...
sin ningún guión...
escribiremos entre los dos un cuento...
con miles de páginas...
pero ninguna aburrida...
con tachones y correcciones...
con subidas y bajones...
y con monigotes en los márgenes...
Un cuento que no sea perfecto...
Pero que sea nuestro.
no ser capaz de escapar de tu húmeda prisión...
pasar la vida en su interior...
hasta con el pensamiento...
acariciando sus paredes...
con mi cara siempre entre los barrotes...
sin parar de crecer allá dentro...
en continua reinvención...
Intento explicarte el truco para pensar menos...
y así sentir más...
a cambio debes enseñarme a ser normal...
sin ser por eso insoportable...
mudando día a día pedacitos de piel...
y de cerebro...
en continua metamorfosis...
Lo sé...
es contradictorio pero cierto...
sin ningún guión...
escribiremos entre los dos un cuento...
con miles de páginas...
pero ninguna aburrida...
con tachones y correcciones...
con subidas y bajones...
y con monigotes en los márgenes...
Un cuento que no sea perfecto...
Pero que sea nuestro.
.Las llaves.
Aunque a veces le dejo ir delante...
Por aquello de que hay una belleza fatal...
En confiar a lo desconocido tu suerte...
Desde que cada mañana tomo la decisión...
De hacer algo distinto cada día...
Al destino le echo migas por el camino...
Pa' que no se pierda...
Y a pesar de no ser...
Ni un artista...
Ni un filósofo...
Ni un escritor...
Ni un poeta...
Soy capaz de juntar varias letras...
Y haciéndolo aprendí...
Que antes de fabricar cerraduras...
Es mejor haber aprendido...
A hacer las llaves para sus puertas.
.No.
No pongas los codos en la mesa...
No sorbas la sopa...
No arrugues la servilleta...
No salgas a jugar sin terminar los deberes...
No hables en clase...
No te enamores de esa chica...
No exprimas el tiempo...
No salgas a bailar...
No hagas ruido en la biblioteca...
No dejes de estudiar...
No lleves la contraria...
No dañes aunque sea sin querer...
No insultes la inteligencia del poderoso...
No fumes...
No bebas...
No te drogues...
No comas esto...
No hagas lo otro...
No vayas a festivales...
No acampes en la playa...
No seas tan loco...
No pidas nada...
mucho menos que te entiendan...
Simplemente...
Se correcto...
Se educado...
Se adinerado...
Tal vez haya algo erróneo en esta vida sin vocación de vivirla...
En esta heredada vida de burgués...
Y de escritor que nada publica...
Tal vez haya caído enfermo como autodefensa a mi propia dejadez...
Tal vez sea hora de dar el no a todos los nos...
Sobre todo a vivir en paz...
Y así... vivir... a secas.
.Sueños.
Hay quien lucha contra la muerte...
Yo solo la distraigo escribiéndole textos y poemas porque a ella siempre le casan las cuentas...
Sale a lo suyo...
Pero si no se lleva a uno se lleva a otro...
Aunque justamente a ese no le toque...
Lo que no sabe es que para dejarme matar tiene que hacer que deje de soñarte...
Es por eso que tengo un batallón de sueños apostados entre las sábanas para defenderte mientras duermo...
Ella solo tiene un silencioso recuerdo que utiliza el sonido de las agujas del reloj para camuflar sus pasos...
Mostrándome entre desvelos tus lágrimas...
Sabe que para mi alma son puñaladas...
Entre sudores puede que logre despertarme...
Pero basta con abrazarte...
Luchar para recuperar el territorio perdido...
Como única arenga tus jadeos...
Como únicos muertos los minutos...
Como únicos vencedores...
Los sueños.
.Ceros.
La infancia acaba oficialmente cuando le añades a la edad el primer cero, acaba, pero no ocurre nada. Todo queda igual. Todo se detiene en un silencio únicamente interrumpido por el ronroneo de los motores de la carrera que en unos cuantos años iniciarás. A muchos les disgusta el ruido de los motores; yo, en cambio, lo prefiero al de las voces... Te mecen, te acunan, como si estuvieses eternamente en la línea de salida. No hay competición, no hay rivalidad, sólo el ruido de los motores... Que te aísla de las pirámides de chillidos creadas por necesidad de lanzarse fuera de la garganta, más que para dirigirse a alguien...
Cuando añadí el segundo cero ni siquiera sabía explicarme por qué en la ciudad lloraba y en la playa no. Debía de ser la sal, que me servía de escudo... O que aprendí a creer en lo que veía escrito, porque hablando se dicen un montón de mentiras, pero cuando uno las escribe, entonces se convierten todas en verdad... Por eso me empezaron a gustar los besos, ese preciso momento en el que los labios se desnudan de palabras para abajo y te dejan ver el alma de quien te besa y es besado...
Cuando añadí el tercer cero, me di cuenta de que los remordimientos no atormentan a quien se sale con la suya... Cuando eres consciente que la infancia ya pasó y ocurrió todo lo que tenía que ocurrir, que otra paz se acerca porque ya no muestras atención por los amaneceres, sino que tu mirada prefiere correr siempre al oeste para rebañar la última luz del plato del horizonte.
Me pregunto cuando perdió su esencia la palabra mantener, que entraña en sí misma la promesa de tender la mano, no de retirarla... Hasta eso ha sido kapaz de ensuciar el dinero. Pero eso es algo que veo ahora, pasado el tercer cero. No lo veía entonces, mecido por el sonido de los motores, cuando no hacía caso a las voces y mi única preocupación eran los besos.
Ahora ya no hay tiempo para remordimientos, no hay tiempo para los besos, ni para las palabras.
Sólo hay tiempo para la competitividad, para las voces, para medir todo únicamente por su cantidad de ceros.
Sólo hay tiempo para dar la enhorabuena a este sistema que tritura los sueños convirtiéndolos únicamente en necesidad de dinero.
.En la oscuridad.
Aspiró el aire húmedo que entraba por la ventana por unos
segundos, paladeó su sabor fresco, nocturno, solitario.
Satisfecho se dirigió
a la cama, se sentó en ella y se detuvo a escuchar y observar por unos segundos
antes de recostarse, el sonido de la lluvia sobre el tejado, las gotas que
salpican la ventana al golpear en el alféizar, el olor a tierra mojada... Sí,
había acertado al mudarse a las afueras de la ciudad, no había en el mundo
mayor placer que leer una novela antes de caer rendido en esa enorme cama de
plumas. Aunque las maderas de la casa crujiesen con el viento, aunque las
tuberías viejas sonasen y vibrasen como si el mismísimo infierno fuese abrirse
paso por ellas cada vez que abría un grifo. Sacudió la cabeza y con un par de
palmadas mentales espantó los pensamientos negativos como si de una bandada de
pájaros se tratase. Sí, había sido una decisión estupenda.
Sonrió y se recostó en la almohada, tomó el libro de su
mesita de noche depositando el marca páginas al lado del despertador, introdujo
la nariz entre las viejas hojas, aspirando el olor del paso del tiempo por
aquellas páginas amarillentas y se dispuso a sumergirse en la lectura. No sabe
cuánto tiempo pasó leyendo antes de quedase dormido, pero se ha despertado con
el libro sobre su cara y la luz extrañamente apagada. Por la ventana se cuela
el resplandor blanquecino de la Luna, por el silencio reinante supone que la
tormenta ha cesado y al ir a calzarse sus babuchas se percata de que estas no
se encuentran junto a la cama, se desliza hasta el suelo e introduce la mano a
tientas bajo la cama para intentar encontrarlas... Nada.
Se pone en pie y coge el vaso de agua vacío que tiene junto
a la almohada cuando le parece escuchar un crujido sobre su cabeza, se detiene
por un segundo y observa el techo, viejo, descuidado, con algunas escamas de
pintura levantada, y un par de manchas de humedad aquí y allá... "imaginaciones
mías nada más, hay que ver, tengo que pintar la casa, parece aún más vieja de
lo que es", piensa mientras abre el grifo del baño.
El agua, al principio, sale como si un loco con espasmos en
pleno tratamiento de electroshock sujetase la manilla de un sifón, acompañada
de ruidos tan fuertes que toda la vecindad se despertaría con un susto de
muerte, si hubiese vecindad. Es uno de esos momentos en los que se alegra de no
tener vecinos en kilómetros a la redonda... Mientras piensa en esto con una
sonrisa, el agua deja de fluir, la sonrisa se trunca entonces en una mueca de
disgusto, "¡Ooooh, mierda!¡Ya no puedo más! ¡Estúpidas tuberías! ¡Estúpida
casa! ¡¡Dame de beber!!" grita mientras abre y cierra el grifo, es cuando
vuelve a escuchar el crujido sobre él, se queda en silencio, observa
atentamente el techo totalmente inmóvil y en silencio, espera con su mirada
clavada en la lámpara unos segundos que se le hacen eternos... Y vuelve a
escucharlo... Sigue mirando hasta que de nuevo las maderas crujen, entonces
baja la mirada al grifo, decidido a subir al desván a descubrir el origen de
esos sonidos cuando, "¡¿Oh Dios mío, qué es esto?!".
Un chorro negro sale silencioso del grifo, extendiéndose por
todo el lavabo, no sólo por el lavabo sino que cubre toda la superficie de este
y se desliza por la pared hasta el suelo. Aparta la mano del grifo instintivamente
y sale del cuarto de baño como puede, mientras busca el interruptor de la luz a
tientas en la pared observa como la mancha negra se extiende por el suelo del
baño cubriéndolo casi por completo y cuando consigue alcanzar el interruptor y
la bombilla se enciende el chorro del grifo se paraliza, como congelado, la
mancha oscura se detiene por unos instantes, y cuando su vista se acostumbra a
la luz esta también lo hace, vuelve a brotar del grifo y la enorme alfombra
negra que hay en el suelo comienza a trepar por la pared, "¡oh, dios mío,
dios mío, son arañas!" balbucea mientras la marabunta que surge del grifo
comienza a cubrir por completo el suelo y las paredes. Retrocede hasta la cama
y se sube en ella, absorto por el miedo y el asco no ve como por el quicio de
la puerta del dormitorio, asoman unas patas enormes, oscuras, cubiertas de pelo
y al fondo cuatro pares de ojos rojizos que se introducen en el cuarto trepando
por el techo hasta estar justo encima de él. Unas gotas de algo parecido a baba
le caen entonces sobre el hombro, las mira con cara sorprendida y mientras las
toca con los dedos alza la mirada temblorosa y llena de asco instantes antes de
que un enorme aguijón le atraviese el pecho levantándole sobre la cama de
plumas y llenando las sábanas de sangre.
Se despierta con un grito mudo, sudando y palpitando de
pánico, la luz encendida y el libro entre las sábanas, toma un trago de agua del
vaso de noche y después de tranquilizarse y recuperar el aliento, suspira,
"Era sólo una pesadilla", coloca el marca páginas en el libro, apaga la
lámpara y se tumba de nuevo, dispuesto a que el sueño le venza lentamente, es
entonces cuando escucha un crujido, abre los párpados de par en par y descubre
4 pares de ojos rojizos observándole desde el techo en la oscuridad, se levanta
de un salto de la cama y sin ponerse las babuchas, ni dejar de gritar, se
arroja de cabeza por la ventana antes de que las ocho bombillas de la lámpara
del techo se terminen de apagar.
.El mejor regalo.
Apuró su cigarrillo hasta casi quemarse los dedos y lo
apretó con saña contra el cenicero, dio un largo trago a su cerveza y se puso
en pie, se sintió observado y mientras se colocaba sus gafas de sol buscó con
la mirada para encontrarse con los ojos de su observador, cuando la encontró le
dedicó una sonrisa antes de que ella bajase la mirada, avergonzada. Cada vez
que se levantaba no faltaba una mirada furtiva, no en vano, su altura le delataba
entre la gente de un tamaño normal y corriente. Algo así le ocurría en su
trabajo, donde también destacaba y donde recibía continuamente miradas de
envidia, a veces sana, otras no tanto, y las cuales pagaba de igual modo,
devolviendo una de sus eternas sonrisas. Nunca le importó la opinión del resto,
nunca tuvo que dar explicaciones ante nadie, lo que hacía lo hacía lo mejor que
sabía y como mejor se podía hacer, para eso pasaba horas frente a una cerveza
fría y un cigarrillo, para encontrar la solución perfecta a cualquiera de las
situaciones en las que se veía envuelto. Pagó la cuenta dejando una
considerable propina y se alejó del lugar caminando.
Llegó al lugar del encargo, con elegancia, con su polo del
Milán y unos vaqueros, allí le esperaba yo, con mis pantalones anchos y caídos
y mi camiseta de tirantes, tan distintos pero tan parecidos a la vez. Bastó con
dos sonrisas como saludo, nos acercamos al maletero abierto, y cogimos las dos
armas que descansaban en su interior.
- Un año más aquí nos encontramos, preparados para hacer vibrar
a estas pequeñas con unos bonitos serventesios.
Nos dirigimos con paso firme hasta la puerta del Mc Donald, aspiramos
el olor a patatas fritas y hamburguesas y como cada año, le dejé a él la frase
de apertura en esta cacería anual.
- Siempre quise ser como las patatas fritas, crujientes, doradas
y rizadas...
- ¿Por qué no es tu cumpleaños todos los días, joder?
- Perdería la gracia.
Y mientras nosotros tarareábamos el gran "Love me
tender" de Elvis, el primer cargador lo vaciamos al unísono sobre un gordo
que cantaba una canción de Rick Astley.
.El sótano.
Puede que nadie le crea, pero yo no puedo evitar, en lo
más profundo de mí y con una fe ciega, intentar encontrarle alguna lógica, es
mi amigo de la infancia y no soporto verlo así, atado a esa silla de ruedas y
alimentado tres veces al día por una enfermera, con la mirada perdida en el
infinito y sin recordar si quiera su nombre. Lo que os voy a contar es algo que
él mismo me contó ayer durante mi visita diaria en uno de sus accesos de
cordura, si se le puede llamar así, logrado, supongo, por el tratamiento de electro
shocks que el Doctor le administra todas las mañanas, no lo sé, pero el relato
me resultó tan extraño que me encuentro en la necesidad de compartirlo con
vosotros, sólo porque a lo mejor, expresándolo a través de palabras más
coherentes que las utilizadas por él, sirva para intentar comprender el
descenso a la locura a la que se ha visto abocado mi gran amigo, y que, de algún
modo, pueda servirnos de ayuda para hacerle regresar a la cordura.
Es de noche, se despierta sobresaltado, unas gotas de sudor
recorren su frente mientras alcanza el reloj despertador de la mesita de noche
en un gesto que ya se ha vuelto mecánico. Se frota los ojos, lo mira
atentamente durante unos segundos y lo deposita de nuevo en su lugar con un
suspiro, las 03:00, otra vez.
Se levanta de la cama preguntándose por qué demonios tiene
que pasar por esto cada noche. Con esta, son ya alrededor de treinta las veces
que se ha despertado de madrugada a la misma hora, "¿será esta casa?, ¿por
qué tuvo que aceptar la herencia de su difunto tío y mudarse sin pensárselo dos
veces?, ¿por qué no pasó en esta dichosa mansión al menos un par de noches
antes de organizarlo todo y venirse a vivir, solo, al otro extremo de la ciudad?"...
O tal vez la culpa sea de Margie, su muerte repentina hace un año le dejó
secuelas psicológicas de las que aún se está reponiendo," ¿por qué tuvo
que salir a celebrar su ascenso aquella noche? ¿por qué no se quedó conmigo como
todas las noches?"... No sabe la respuesta correcta y no consigue olvidar
el charco de sangre y el cordón policial en el callejón junto a la ventana de
su cuarto aquella madrugada.
Coge un vaso de cristal de Bohemia del fregadero, lo
llena de agua y observa como los rayos de luz de la luna lo atraviesan,
dibujando haces de colores en su interior... "Precioso, echarle la culpa a
quien ya no está entre nosotros"... Dándole un sorbo, observa a través de
la ventana como el viento despoja poco a poco de sus hojas el cerezo que hay
frente a la casa, y siguiendo con la mirada el vuelo errante de una de ellas,
recae en el cerrojo oxidado del acceso exterior que da al sótano... "Tal
vez sea hora de echar un vistazo ahí abajo".
Toma un cincel y un martillo de la caja de herramientas,
enciende una lámpara de aceite del zaguán trasero y se dirige con ella decidido hacia
las viejas puertas, se acuclilla frente a ellas, deja a un lado la lámpara y
con un golpe seco hace saltar el cerrojo, se detiene unos instantes y con una
aspiración decidida, agarra el tirador oxidado y levanta las maderas carcomidas.
Al abrir el acceso,
un soplo de aire húmedo, caliente y apestoso le golpea el rostro, se aparta trastabillando,
dando un par de pasos hacia atrás y sin dejar de mirar el interior. "Por
Dios, ¿qué hay ahí abajo, un montón de pescado podrido?". Saca un pañuelo
de su pantalón del pijama, y lo sostiene cubriéndose la nariz y la boca, con la
otra mano, recoge la linterna y comienza el descenso.
Al contrario de lo que dicta la lógica los escalones no
acaban en una sala bajo la casa, estos comienzan a girar en torno a un eje
central transformando la escalera del sótano en una especie de escalera de
caracol lúgubre y maloliente hacia las profundidades de la tierra.
Después de perder la noción del tiempo y la profundidad a la que se encuentra, la escalera llega a una abertura que se ensancha hasta convertirse en una especie de gruta, alumbra las paredes y en ella puede observar lo que parece una historia narrada con dibujos tallados en la roca de manera tosca pero nítida, como si estuviesen arañados en la fría piedra por un cincel muy fino o, que cosa tan increíble, unas garras afiladas.
Después de perder la noción del tiempo y la profundidad a la que se encuentra, la escalera llega a una abertura que se ensancha hasta convertirse en una especie de gruta, alumbra las paredes y en ella puede observar lo que parece una historia narrada con dibujos tallados en la roca de manera tosca pero nítida, como si estuviesen arañados en la fría piedra por un cincel muy fino o, que cosa tan increíble, unas garras afiladas.
Acercando la linterna se pueden
apreciar humanoides, con aletas y branquias, saliendo de lo que parecen los ríos y
lagos de una isla, dirigiéndose ordenadamente hacia una montaña con un obelisco en su cima.
Al girar en el siguiente recodo de la gruta, el hedor se hace tan penetrante
que nota como si le faltase el aire, pero la curiosidad, le hace enfocar la
linterna hacia la pared contigua y observar como las figuras danzan alrededor
del obelisco y junto a ellos puede ver lo que parecen símbolos o algo parecido
a palabras en una lengua que desconoce.
Llegados a este punto del relato, mi amigo Edward comenzó a
convulsionar y balbucear algo que no entendí, pero que pareció algo así como una
advertencia que no alcancé a comprender, las enfermeras le suministraron un
sedante pero antes de dormirse conseguí que terminase de contarme la historia, sin duda, lo más
extraño e irreal de todo es este pasaje.
Al parecer, instado por la valentía que le otorgaba una
curiosidad que nunca antes había poseído, continuó su descenso por la gruta
hasta llegar a una cueva tan inmensa y con una oscuridad tan densa, que la
linterna alumbraba escasamente medio metro frente a él. Fue entonces cuando lo
escuchó y pudo reconocer lo que le despertaba todas las noches. Era como el
respirar de la tierra acompasado por el latido de un corazón, probablemente, del
tamaño de una casa. Caminó guiado por un aliento caliente y hediondo que silbaba
al escaparse por la abertura de la gruta y que hacía tililar la llama de la
linterna, cuando sintió la presencia de algo frente a él, levantó la linterna
hacia la oscuridad y un enorme ojo del tamaño de un hombre estrechó su pupila
roja como un rubí, le miró fijamente y fue, a partir de ese momento, cuando un
terror tan inmenso y profundo como el universo se adueñó de su conciencia.
El resto lo sé por el informe policial, al parecer, le
encontraron alertando a los vecinos para que ninguno entrase en el sótano de la
casa a la que acababa de prender fuego y del que una vez extinto, y entre las
ruinas calcinadas, los bomberos habían declarado que no había ni rastro, ni en ese
momento, ni de que hubiese existido alguna vez. A lo que mi amigo respondió con una negación tan violenta y paranoide que la policía determinó en ese
instante internarlo en este psiquiátrico. Lo trasladaron en el coche patrulla mientras no dejaba de repetir
una y otra vez:
"Se ha despertado y ya viene, se ha despertado y ya
viene!!!"
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